Voy a comenzar las entradas a este Blog con un artículo que me publicaron en el Diario Oficial El Peruano el año pasado:
Históricamente el parlamento o congreso, nació con el objetivo de limitar el poder del Rey designando representantes del Pueblo que llevaran su voz a las esferas del poder y emitieran disposiciones que favorecieran a cada una de sus regiones.
El sistema unicameral fue el primero en surgir (Grecia y Roma). Éste dio origen al bicameral y tuvo su génesis en Inglaterra, cuando los commons o baja nobleza formaron su propia cámara, la “Cámara de los Comunes”, como resultado de la decisión que tomó la aristocracia o los lores de tener reuniones en la “Cámara de los Lores” separadas de los commons. Con esta escisión cada cámara representaba intereses distintos y contrapuestos, debido a las diferencias sociales y económicas de los miembros de cada una de las cámaras. En Francia, Montesquieu, autor del “Espíritu de las Leyes” (1748), uno de los primeros formuladores de la división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), propuso que se dividiera el parlamento en dos Cámaras que, siguiendo el ejemplo inglés, representaran a la sociedad de acuerdo con sus partes: la baja para el pueblo y la alta para los propietarios.
Hoy, la opción entre la constitución de una o dos cámaras no encuentra su significación en la diferencia de clases, si no más bien, en aspectos técnicos, como puede ser que con una cámara el parlamento es más rápido y flexible, y con dos cámaras se permite mayor debate y que el Senado cuente con personalidades que garanticen que las leyes sean mejores. Los unicameralistas señalan que una cámara alta (Senado) no tiene sentido en una democracia sino que duplica la participación existente en la cámara baja (Diputados). Argumentan que las funciones de la cámara alta, tales como revisar un proyecto de ley aprobado, pueden ser llevadas por comisiones parlamentarias. Por lo demás, la doctrina aún no se pone de acuerdo cuál sistema es el mejor, y más bien, es la realidad de cada país la que determina qué sistema opera mejor en cada caso.
Respecto del tema económico, los parlamentarios, en muchos casos cumplen sus funciones ad honorem, part time, cobran unas dietas, se les paga una “remuneración” (los congresistas peruanos perciben CTS, gastos de instalación y desinstalación), etc.
En el Perú, fuera del aspecto económico (ningún peruano esta dispuesto a regalarle la plata a estos mal llamados padres de la patria), histórico (en el país normalmente han habido dos cámaras) y técnico (conveniencia o no de una o dos cámaras), se encuentra el hecho de que el sistema echa y ha echado agua con una, con dos, y si se quiere con tres o con cuatro cámaras.
Por tanto, el problema del Congreso no se encuentra en el número de cámaras, sino en cómo se encuentra estructurado nuestro Sistema Parlamentario para que permitir al Pueblo o Electorado tener los mecanismos adecuados y suficientes para “destronar” a los congresistas de sus cargos, cuando estos no son destinados a cumplir con el servicio público al ciudadano. Por el contrario, esta probado que los congresistas con inmunidad parlamentaria, por más comisiones parlamentarias investigadoras que se conformen, es muy difícil, por no decir imposible que puedan ser destituidos.
Es cierto, por más grave que sean las faltas que comenten – congresistas acusados de violación de menores, narcotráfico, estafa, robo entre otros delitos tipificados en el Código Penal Peruano, así como otros actos contrarios a la moral del pueblo y su conciencia, como el transfugismo, juramentos por la plata, etc – no son destituidos. Y últimamente ha salido a la luz más escándalos cometidos por los congresistas: contratación como asesores a sus empleadas del hogar, queridas o amantes y otras personas de dudosa reputación y pergaminos, que incluso tienen antecedentes penales y policiales.
En consecuencia, no podemos hacer nada para sacarlos, por lo menos durante el periodo de 5 años que dura su permanencia en estos cargos públicos. El sistema no permite al electorado tomar medidas a corto plazo para calificar y sacar del congreso a los “Padres de la Patria”.
Por eso considero que la preocupación principal de los juristas, “técnicos”, periodistas y demás, debe ser cómo hacer para que el Sistema permita que se renueven con cierta regularidad a los congresistas (por ejemplo, por dos tercios y cada 2 años). Es decir, que hayan elecciones parlamentarias con mayor regularidad para que en cada periodo el electorado pueda “calificar” y “darles nuevamente la confianza” a los congresistas o en todo caso nombrar a otros. Esto permitiría que los congresistas tengan los incentivos para hacer mejor las cosas, por lo menos para las personas a quienes les deben sus votos y no sólo para favorecer sus intereses personales, como ha sido la regla en “todos los tiempos de la vida republicana peruana”.
Con esta iniciativa, se lograría que los congresistas asuman su responsabilidad frente al Pueblo, en su condición de representantes de éste, haciendo no sólo mejores leyes sino también mejores sus deberes.
Por eso opino que el debate no debe centrarse en el número de cámaras del Congreso, sino en establecer un mecanismo de fiscalización de la labor de los parlamentarios, a través de la entrega de herramientas a los ciudadanos que les permitan, en forma regular y en corto plazo, cambiar a sus representantes en el parlamento, como lo hace cualquier persona o empresario respecto de los que los representan en sus negocios.